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Homenaje a El Almendro. Vuelve a casa, vuelve.

Jueves, 16 de junio de 2005

Juanan estaba tan harto de sus padres que un día les dijo que se iba a Costa de Marfil, a las misiones. En realidad se fue a Alcorcón y así evitaba tener que ver los caretos de sus progenitores, las comidas de los domingos y los sermones constantes. Eso sí, cada año, por Navidad, se vestía de explorador con unos pantalones, un chaleco y un gorrito comprado en Coronel Tapioca, cogía el tren de cercanías y se acercaba a Madrid a pasar las fiestas de gorra, comiendo turrón y bebiendo gratis durante varios días.



Al verlo así ataviado, el taxista que le llevó de Atocha a casa le preguntó cuánto tiempo llevaba fuera y que las calles habían cambiado mucho por culpa de Álvarez del Manzano y sus zanjas, circunstancia que aprovechó para dar un rodeo y clavarle 8 euros por el trayecto.

Su hogar seguía igual que siempre. Allí había pasado su infancia, su adolescencia y parte de su juventud. Al ver la luz de la cocina por la ventana, se emocionó. Pensó en su madre y en la alegría que tenía cuando llegaba por sorpresa cada año, el mismo día, a la misma hora. Pobrecilla, cuánto sufría por él. Y decidió que quizás iba siendo hora de sacar a sus padres del engaño. Les diría que había vuelto y que se iba a vivir a Alcorcón y a trabajar de informático, para aprovechar la carrera que ellos le habían pagado.

La puerta estaba abierta. Entró. Al fondo, en el salón, se notaba una presencia. Papá debe estar mirando la tele. Fue primero a por mamá, que estaba cocinando canturreante. Se acercó por detrás y le tapó los ojos. El grito se oyó tres manzanas más allá.

- Mamá, soy yo, tu hijo.

- Me cago en tu padre. Qué susto me has dado. ¿No sabes llamar?

- Estaba abierto y pense…

- Pensé, pensé, todos los años igual. Voy a tener que cambiar las cerraduras y cerrar con llave para que me dejéis en paz.

Avisado por las voces, un señor vestido con el albornoz de su padre entró
corriendo en la cocina.

- ¿Qué pasa? ¿Qué es ese tío?

- Y este, ¿quién es mamá?

- Lolo, mi novio. Y este, Juanan, mi hijo.

- Eh… ¿y papá?

- Nos hemos separado. Hace 10 meses. Estaba harta. Si lo quieres ver, está en la pensión "El Lobo". A él le hará más ilusión tu visita que a mí. Si no te importa, tenemos invitados a cenar.

- Pero mamá, no me dijiste nada… y erais tan felices…

- ¿Felices? ¿Pero tú eres tonto o qué? Que sepas que cada noche, mientras tú dabas besos a los negritos, yo me acostaba con un cabrón que volvía a casa borracho y oliendo a puta. Me cansé, decidí tener una vida nueva en la que no entraban ni ese cabronazo ni un hijo que sólo viene a casa una vez al año para comerse todo el turrón. Después se va y hasta el año próximo, si te he visto no me acuerdo. Ni una postal. Bueno, pues ahí, junto a la puerta, tienes una caja con tus turrones de mierda. Los coges y te vas a la pensión de tu padre. Y a mí me dejáis en paz.

- Pero mamá…

- Ya has oído lo que ha dicho- terció Lolo amenazante-, así que pilla el
turrón y lárgate. Y no vuelvas hasta el año que viene. Tendrás otra caja, no te preocupes.

Desde esa noche, cada año, por Navidad, a Juanan le sale urticaria por todo el cuerpo y le entra una mala ostia que lo mandaría todo bien lejos. Por ejemplo, a Costa de Marfil.

Por: el homenaje | Alimentación | Comentarios (0) | Referencias (0)

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