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Homenaje a Torrebruno

Jueves, 02 de junio de 2005

Soy un acérrimo enemigo de los taxistas. En realidad, soy enemigo acérrimo, así, sin epíteto, de que me cuente su vida alguien que no conozco. Y aunque soy un hombre, tampoco me gustan los coches, soy así de raro. No obstante, pese a mis aversiones, no tuve más remedio que tomar uno, pues llegaba tarde a mi ponencia en la Facultad de Medicina, la primera que daba tras un periodo de ausencia a causa de mis problemas mentales, que no enumeraré por obvios.



Hice de tripas corazón, levanté el índice y un coche con una luz verde se detuvo y me invitó a pasar así como quien dice. Yo mismo abrí la puerta, me dejé caer en el asiento y dije la dirección sin mirar al conductor. Saqué mi móvil y simulé que mantenía una conversación con subordinados ficticios, cronometrando mentalmente cuánto tardaría en importunarme con alguna pregunta imbécil.

-Perdone señor- ¡medio minuto!- ¿vamos por Jiménez Díaz o por Queipo de Llano?

-Por donde se llegue antes, usted sabrá- contesté, mirando por la ventanilla. Sin embargo, la voz del taxista me resultó familiar. Tenía un acento entre italianoy uruguayo que ya había oído antes. No pude evitar mirarle los ojos y lo que vi allí me sorprendió. Era igual que Torrebruno. Me quedé observándole fíjamente durante unos instantes, hasta que su voz volvió a interrumpirme.

-Perdone señor, ¿le pasa algo?

-Eh, no, disculpe, es que me había quedado mirándole porque se parece usted mucho a… y perdone la confianza… a Torrebruno.

-No me parezco, soy Torrebruno.

-Oiga, un respeto, que Torrebruno está muerto.

-Y ELVIS también. Y Kurt Cobain. Y Freddy Mercury. Y el Papa, no te fastidia. Mire, le contaré un secreto. No he muerto. Me he retirado. No sabe usted lo difícil que es vivir en un país donde todo el mundo te recuerda que creció contigo, sin darse cuenta de que no crecieron conmigo, sino a mi costa. Yo no crecí. Me quedé así mientras los niños me sobrepasaban sin respeto ninguno. Además, España es un país de nostálgicos de mierda y todo el mundo se cree con derecho a pararte por la calle, a cantarme “Rocky Carambola”o “Tigres Leones todos quieren ser los campeones”… un infierno.

Así que fingí mi muerte y me hice taxista. Como nadie quiere ni verlos, paso desapercibido. Y cuando alguien me reconoce, le cuento mi historia y sale feliz del taxi. Y si se le ocurre contarla, nadie le cree. Y créame, esta vida de ahora es mucho mejor. Por mucho que digan, los taxistas vivimos en la gloria, todo el día sentados, de aquí para allá, insultando a unos y a otros con total impunidad, clavando a los turistas… un chollo.

No me lo podía creer. Estaba hablando con Torrebruno. Tenía que aprovechar esta oportunidad. Así que rebusqué en el maletín, extraje el bisturí y en cuanto detuvo el coche, le rebané el pescuezo de un certero corte, muy profesional.

No me miréis así. Era algo que hubiese hecho en mi situación cualquier tigre con alguien que desde siempre estuvo más del lado de los leones, a los que favorecía sin pudor en casi todos los juegos, el muy mafioso.

Por: el homenaje | Personajes | Comentarios (1) | Referencias (0)

Comentarios

¿alguien sabe cómo se llamaba el perro gigante (o lobo) que acompañaba a Torrebruno?, tengo un lapsus en mi memoria y no me acuerdo

a | 07-06-2005 15:42:51



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