Miércoles, 18 de mayo de 2005
Cuando despertó, la calabaza aún estaba ahí.
No, no había sido un sueño. Desde lo alto del armario de la habitación, Ruperta miraba fijamente a Juan, que se levantó con una asfixiante sensación de resaca. Juan y Gloria, su compañera y residente en Madrid habían enviado más de 500 cartas intentando concursar.
Un buen día en su buzón encontraron una escueta notificación de Prado del Rey en la que se les confirmaba que habían sido seleccionados. Pasaron el cásting y llegó el día de la grabación, al que asistieron vestidos como para una boda, haciendo el ridículo. En la ronda de preguntas quedaron segundos porque Juan repitió Rivera de la infinita lista de apellidos españoles. Como dijo Mayra, los nervios le pasaron una mala jugada. Pero la mirada de Gloria evidenciaba que ella no era tan comprensiva. Eso sí, en la eliminatoria se resarció y llegó antes que nadie a la meta con un huevo en la boca y la cara llena de mayonesa. Gloria llegó tercera y se hicieron con la victoria.
Lo habían conseguido. Estaban en la subasta. El programa iba de indios y vaqueros. Mientras desfilaban Raúl Sender, la Bombi o el Dúo Sacapuntas a Juan se le iban los ojos tras las piernas de Kim, de Victoria Abril y de Lydia Bosch, que en aquella época aún no se había quedado encerrada en la máquina de rayos UVA. Semejantes muslámenes hacen perder la concentración al más pintado, por lo que, ante el absorto silencio de su compañero, Gloria se fue encargando de dedicir qué regalos iban desechando. Y así, como quien no quiere la cosa, llegaron a la última tanda. Por las escaleras bajó Antonio Ozores vestido de Toro Sentado, se plantificó frente a ellos, soltó un discurso en bable, dijo que ahora por fin ya somos europeos y se largó entre las risotadas del público, tras de darle la pipa de la paz a Juan.
-Bueno, hemos llegado al final, chicos, ¿con cuál os quedáis?
Silencio. Gloria se pone la mano en el mentón, como siempre que quiere hacer ver que piensa. Juan sigue embobado con el hacha en la mano, pensando en que ya le gustaría a él tener esas secretarias, ya.
-¿Con qué nos quedamos?
-¿Eh?
-Que con qué nos quedamos. Veo que no sueltas el hacha, ¿quieres que la cojamos?
-¿Cojamos el qué? ¿El hacha? ¿Eh? Sí, sí, el hacha, claro…
-Bueno, pues nos quedamos con el hacha. Dejamos las plumas y la silla de montar.
Cosas de la vida, los guionistas consiguieron relacionar las plumas con un coche estupendo y la silla de montar con el apartamento en Torrevieja. Y el ohhhhhhhh de Mayra se contagió a todo el público y hasta Chicho confesó que le daba mucha pena que una pareja tan joven se tuviera que conformar con Ruperta, nuestra simpática calabaza. Sonó la música y llovieron los aplausos y los títulos de crédito.
Hoy Juan se ha levantado sólo. Aún no lo sabe, pero en la nevera tiene un post-it que dice “Ahí te quedas. Me voy con Bigote Arrocet. Y en la despensa tienes una receta para hacer buñuelos. Al menos, que la puta calabaza sirva para algo. ”
Por: el homenaje | Espectáculos | Comentarios (0) | Referencias (1)
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andy garcia dribbling | 2007-11-19 22:37:09
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