Domingo, 17 de abril de 2005
Érase una vez, que en Nicoretto, un pequeño pueblo del sur de Italia, vivía una niña de 12 años, y bizca como un ceporro. Un ceporro bizco, claro. Y de ese defecto se reían entre crueles burlas todas sus amigas y compañeros del colegio.

Mamá, -decía la niña bizca- nunca seré guapa y nunca me casaré.
Hija, no eres tan bizca, y seguro que cuando crezcas serás muy guapa y te casarás con un chico muy guapo. Por cierto, hija, estoy aquí.
Y así pasaron los meses, entre lloros y llantos de la niña, que notaba en sus adolescentes carnes los libidinosos impulsos naturales que a todos nos llegan en tan tierna edad.
Pero ningún niño quería tocarla, ninguno quería aplacar la sed de cariño que la niñita tenía. Porque liarse con la bizca era también motivo de destierro del panteón de los aceptados por la sociedad. A todos nos ha pasado, enrollarnos con una chica y que durante varias semanas las amigas de la tía se han estado decojonando de ella, ¿no?
Pero bueno, a lo que íbamos, que la niña lloraba y lloraba, de día, de noche, por la tarde, comiendo, cenando, durmiendo, en el colegio, en la casa, en su habitación, en el parque, en todos lados. Y tanto lloró y lloró que se le fueron hinchando los pulmones, y esta hinchazón se le contagió a sus incipientes pechos, que a causa del líquido derramado se convirtieron en un imperial par de tetas. Y desde ese día, la niña dejó de llorar. Y desde ese día, casi nadie se dio cuenta de que Sabrina era bizca. Y a los que nos dimos cuenta, no nos importó lo más mínimo. No somos tan superficiales como todo eso.
Por: el homenaje | Personajes | Comentarios (2) | Referencias (0)
pero qué ingenuos que éramos todos por aquella época, esperando el anunciado momento en el que se le iba a salir una mama a sabrina, tras habernos dejados los ojos y otras cosas en cientos de posteres del teleindiscreta...
Puño | 18-04-2005 14:02:12
Ade | 19-04-2005 01:02:35