Homenaje a Chico Sibilio

Miércoles, 25 de julio de 2007



Narciso “Chicho” Sibilio era, a pesar de su nombre, un gran jugador de baloncesto. Sin lugar a dudas, el mejor jugador de baloncesto que ha dado la República Dominicana en toda su historia. Este dato no tiene mayor valor puesto que es el único jugador que ha dado este país. Otra cosa hubiese sido si Chicho Sibilio hubiese nacido en Rusia. Se hubiera armado la marimonera si una fría noche siberiana, a Alexander Tachenko le hubiesen ido a buscar a la taberna del poblado para decirle que su mujer Úrsula acababa de dar a luz un niño negro. De nada serviría que intentaran calmarlo con la excusa de que venía con un balón de baloncesto debajo del brazo, a la pobre Úrsula le hubiesen caído ostias hasta en el carnet del partido comunista. Pero por suerte para este matrimonio al que nos hemos permitido la licencia de molestar y para nuestro protagonista, no fue la estepa soviética el lugar de nacimiento sino una paradisíaca aldea al lado de la playa caribeña que baña el mar Caribe, como a la mayoría de las playas caribeñas. Allí, entre cocoteros, tiburones, modelos de anuncios de Malibú piña y hoteles donde van a pasar sus lunas de miel los jóvenes horteras españoles, nacía un 22 de febrero de 1960 (hora aproximada) un niño con camiseta blaugrana de tirantes y que estaba llamado a convertirse en todo un mito de los que amamos el baloncesto (a falta de otras cosas para amar o, cuanto menos, manosear).

Desde su más tierna infancia todo el mundo adivinaba que lo suyo sería ese deporte que allí llamaban “fútbol de canastos”. Tenía un grupo de amigos con los que practicaba día y noche. Curiosamente, se llamaban Solozábal, Epi, Jiménez, Trumbo y De la Cruz, pero esto no fue más que una casualidad de esas que a veces te da la vida cuando menos te lo esperas.

Como sólo tenemos un folio para explicar toda la vida, daremos un salto en el tiempo, llamado elipsis en el mundo intelectual en el que me muevo, para llegar al momento en el que Chicho Sibilio es descubierto por un ojeador del Barça. Un buen día, mientras Chicho servía copas en un chiringuito en el que sólo había un par de lugareños, entró Salvador Puig Antich, a la sazón general manager de la sección del club culé y viendo que no había gente dijo “falta personal”. Y claro, Chicho cogió un rebote que ni te cuento y entonces S.P.A. (relajantes iniciales, ahora que pienso) se dijo “ a este negro de dos metros me lo llevo yo para allá” y dicho y hecho, poco tiempo después nuestro hombre de color llegaba al aeropuerto del Prat con lo puesto, su camiseta blaugrana, sus calzones azules con rayitas a los lados marca Meyba, of course, sus medias blancas por las rodillas y un puro que había robado en el avión. Y se fue a jugar a baloncesto con Solozábal, Epi, Jiménez, Trumbo y De la Cruz, pero los de aquí, los buenos, y ganó la copa Korac, la Recopa, varias Ligas, nosecuantas Copas del Rey y metió triples a porrillo. Incluso se nacionalizó español (manda huevos) y jugó con la selección y se fue a Los Ángeles y ganó la medalla de plata. Y jugó contra Michael Jordan, que por aquel entonces llevaba Converse y vivió en primera persona el día más importante del baloncesto patrio, diga lo que diga Pau Gasol.

Hasta que un día llegó Aito García Reneses y se le ocurrió decir que Chicho Sibilio no defendía. “No te jode, si nadie me quiere pegar”, contestó él, que era más buena persona que un trozo de pan buena persona, pero Aíto, que a pesar de su nombre era un tío duro como una piedra dura, no de las blanditas, lo echó del Barça y Chicho se tuvo que ir con su camiseta a Vitoria, pero ya no fue lo mismo.

Hoy Chicho vive plácidamente en su país natal fumando puros y viviendo del aire, mientras que Aíto sigue teniendo que ir a trabajar todos los días con jugadores que defienden y defienden como perros defensores, pero a los que ya les molaría tirar lo bien que tiraba el negro Sibilio. Y meter lo que metía.

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Homenaje a los Másters del Universo

Jueves, 21 de junio de 2007

- ¿Dígame?
- Hola, buenos días. ¿Está el Sr. Skeletor?
- Sí, soy yo, ¿quién es?
- ¿No me conoces?



- Mire, si es usted el del Canal Plus, se lo advierto, no me llame más, no quiero la maldita antena. Ni aunque pueda ver todos los partidos de la Champions y las películas de estreno. No me llame más, por favor, no me haga enfadar que no sabe usted con quién está hablando.

- No soy el del Canal Plus, hombre. A ver, te voy a dar una pista: ¡¡por el poder de Grayskull!!

- ¿Eh? ¿Cómo? ¿Qué ha dicho? ¿He Man?

- El mismo que viste taparrabos y calza botas de piel. ¿Cómo estás, Esqui, viejo amigo? ¿Cómo va El Consejo del Mal?

- ¿Se puede saber qué diantres quieres? ¿No te dije que no volvieras a llamarme? Y que no me llamaras Esqui, cojones. Seguro que el que me envía los mails con emoticonos eres tú.

- ¿A que molan?

- Me cago en todo lo que se menea. Sabía que no podía ser otro que el afeminado del Príncipe Adam. Va, desembucha, ¿qué tripa se te ha roto?

- Ois, qué carácter. Te llamo por curro. Nos han ofrecido hacer un anuncio. A ti, a mí y al Orco. Dan bastante pasta, es un anuncio de maquinillas de afeitar. Imagina: estamos en plena batalla y de pronto, tú detienes la pelea y me preguntas cómo puedo ir siempre tan bien afeitado. Entonces guardo la espada, saco una maquinilla de afeitar y grito ¡¡¡yo tengo el poder!!! Y te venzo porque un grupo de mujeres vienen a acariciar mi tersa cara. Y como tú no puedes afeitarte por la sencilla razón de que no tienes piel, mueres de envidia cochina.

- ¿Y el orco qué pinta?

- Nada, está porque los orcos es un público objetivo en alza, tienen mucho dinero y son compradores compulsivos. Son como los gays, pero sin tener que escuchar las canciones de Alaska.

- He Man, yo estoy retirado, lo sabes. Además, empiezo a estar harto de tanto anuncio retro como el de Coca Cola y tanto homenaje a los iconos del pasado. ¿Es que la gente no tiene imaginación?

- No, ¿cómo van a tenerla? Recuerda que los niños de nuestra época fueron los últimos niños de verdad. Justo después llegó Leticia Sabater a la televisión y creó las ordas de subnormales que con 18 años votaron en masa al PP y fueron a aclamar al Papa a Valencia.

- Es verdad, qué manera de desperdiciar la infancia. Si no fuera porque soy un supervillano, señor de los dominios del mal, sentiría lástima.

- Bueno, a lo nuestro. Yo creo que podríamos hacerlo, pillamos la pasta y a correr. A mí me vendría bien algo de dinerito fresco.

- La verdad es que a mí también. Ayer me volvieron a mandar una carta los terroristas pidiéndome el impuesto revolucionario.

- No jodas, ¿la ETA?

- No, la SGAE.

- ¡¡Ostias!! Esos son más peligrosos. Ándate con mucho ojo. Dicen que preparan un canon a la gente que tenga orejas, porque igual puede escuchar música pirata.

- A mí plim, como los esqueletos estamos desorejados.

- Suerte tienes, bribón. Bueno, entonces a lo del anuncio digo que sí, ¿no? Es que si no, llamarán a los de Dragones y Mazmorras.

- Ah no, eso sí que no. Esos actúan peor que Fernando Alonso. Lo haremos nosotros.

- Pues ya te digo algo, Esqui. Cuídate. Hastalueguitooo.

- Mucho Máster y mucha ostia, pero siempre serás una locaza.

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Homenaje al Plastidecor

Viernes, 01 de junio de 2007

ESCENA 1

Interior día. Consulta de Ángel Sánchez Mut, pediatra. En la sala de espera hacen lo propio varias madres con sus hijos. Unos lloran, otros leen tebeos y algunos de ellos están tan blancos y demacrados que no pueden hacer lo uno ni lo otro. Entramos en el despacho del galeno. Allí, tras la mesa, rodeado de diplomas y menciones, Ángel Sánchez escucha a una madre mientras su hijo, sentado sobre un orinal, intenta defecar desde hace más de 30 minutos.




Doctor (impaciente): ¿Qué? ¿Aún nada?

Niño (sufriendo): No, no, nada.

Madre (llorando para hacerse la interesante): ¡Me vas a matar, un día de estos me vas a matar! ¡Ay doctor, usted cree que se pondrá bien?

Doctor: Señora, se ha comido un lápiz, no un tripi, claro que se pondrá bien.

Niño: No ha sido un lápiz entero (pausa para hacer fuerza). Se rompió y me comí sólo un trocito.

Señora: ¿Y esa sangre que tiene el niño en la camisa, de qué es? ¿Se va a morir mi hijo?

Doctor: Señora, por favor, cállese la puta boca y deje al niño que cague tranquilo. Eso no es sangre, es una mancha que se ha hecho con el lapicero rojo.

Señora: El cielo ganado, tengo el cielo ganado. ¿Pues no va el niño y se come un plastidecor? ¿Dónde se ha visto eso? ¿Ves? Si mirases más la tele y pintaras menos no pasarían estas cosas.

Niño: Doctor.

Doctor: ¿Sí?

Niño: Creo que ya lo he cagado.

Doctor: ¿A ver? Ah, sí. Y la punta te ha desgarrado el ojete. ¿Ve, señora? Esto que chorra es sangre. ¿Nota la diferencia?

Señora: Ahhh. ¿Qué cosas, eh?



ESCENA DOS

Interior noche. Son las tantas de la madrugada y dentro de la agencia de publicidad dos jóvenes cansados y medio borrachos tratan desde hace horas de encontrar la letra a una música para un anuncio de coloretes Plastidecor.

-Marcelo, creo que ya lo tengo.

-Ostia, por fin, a ver.

-“Plasti, plastidecor, no se rompe. Plasti, plastidecor, no te ensucia. Plasti, plastidecor, se puede comer. Tus lápices plastidecooooor”.

-Suena bien. Pero, ¿seguro que se puede comer?

-Coño, es un anuncio, no creo que nadie sea tan burro de comerse un lápiz, ¿no?

-También es verdad, ¿tiramos con esto?

-Vale. ¿Nos vamos a tomar la última?

-Vamos.

Dedicado a todos los niños que durante la infancia nos alimentamos de panconnocillas, colacaos, bocadillos de salchichón y decenas(o cientos, depende del voraz apetito) de lápices plastidecor.

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Homenaje a Kojak

Martes, 16 de mayo de 2006

Telly Savalas (Atenas 1935- Hollywood 1992) es conocido entre el gran público por su papel de detective rudo y con métodos heterodoxos en Kojak, una serie que cautivó al público por su guión plagado de oraciones copulativas, toda una revolución en la época y que hoy es modelo de estudio en diversas universidades de todo el mundo.



Sin embargo, lo que la mayor parte de la gente desconoce es que Telly Savanopoulos, que era su verdadero nombre, fue uno de los más importantes personajes dentro del mundo de la investigación científica griega.

Entre película y película, este prohombre griego sacó a la luz ensayos tan esclarecedores como "La investigación con células madre está al alcance de todos. Pero ¿por qué las galletas están tan altas?" en el que con su peculiar estilo desenfadado y furibundo despotricaba contra las mentes pacatas que se negaban a aceptar los avances de la ciencia moderna y que el smoking con zapatillas no es el equipaje más adecuado para adaptar el vestuario de los científicos a los días que corren.

Que se las pelan, si se me permite el apostillar en este apartado.

Desde el laboratorio casero que construyó en su mansión de Beberly Hills, mientras sus compañeros de profesión desperdiciaban su tiempo en juergas y orgías con hermosas modelos ninfómanas, Telly Savanopoulos firmaba su obra maestra, el descubrimiento con el que pasó a la historia de la ciencia: "La endracita megaloplasmática. Una molécula que revolucionará el yogur griego." Este informe, publicado en el número 56 de la revista "Greek Science" y que en el sector se conoció con el sobrenombre de "El informe groñe que groñe" (para que luego digan que los de ciencias no tenemos sentido del humor) supuso un vuelco a la anterior creencia de que el mejor yogur del mundo era el de Cándida López, la abuela de un señor de Cuenca que una vez dijo en la radio "mi abuela hace el mejor yogur del mundo" y que, incomprensiblemente, sentó cátedra.

El artículo hizo que las grandes multinacionales yogurteras pusieran el ojo en Telly y en su descubrimiento, por el que le ofrecieron cantidades millonarias. Pero hete aquí que nuestro héroe se negó a venderlo alegando que "el yogur griego es de todos y que si damos la fórmula libremente para que todos puedan hacérselo en casa lavaremos la mala imagen que tenemos en nuestro país desde que le pusieron nuestro nombre esa práctica sexual tan poco higiénica".

Nobles ideales, sin duda, los de Telly Savanopoulos, que no pudieron concretarse debido a la trágica muerte que le sobrevino cuando se atragantó con un caramelo de palo al parársele el corazón cuando fue al médico debido a un bulto en la nariz que le impedía respirar y el doctor le dijo que ni bulto ni gaitas, que lo que tenía era un cáncer del tamaño de un piano. Pero de un piano de los grandes, de los de cola, como remarcó el galeno en su informe de defunción.

Tras su desgraciada muerte, Nestlé se llevó los derechos por una pírrica suma y hoy han anunciado que como homenaje, van a lanzar el primer yogur griego con sabor a Kojak.

Aunque sólo sea por los futuros avances de la ciencia griega, pruébelo.

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Homenaje a Emmanuel

Lunes, 08 de mayo de 2006

Emmanuel se reclinó sobre la cama. Acostado junto a ella pude observar que, efectivamente, era insultantemente preciosa. Sus pechos desnudos y firmes apuntaban a la ventana por donde entraban unos débiles rayos de luz del atardecer. Me dijo algo, pero no pude oírla. Habíamos estado haciendo el amor durante horas y estaba exhausto.



Cerré los ojos unos malditos instantes y cuando desperté Emmanuel había desaparecido. Para siempre.

En el sillón de mimbre, un papel doblado con una nota. Fa. Comprar desodorante.

Me puse mi camisa de lino y salí a la calle decidido a encontrarla y volver a la cama con ella. La busqué por toda la isla durante toda la calurosa noche, pero no la hallé. Pregunté y pregunté, todos la habían visto alguna vez, claro, a una mujer así no se la olvida fácilmente, pero nadie sabía decirme dónde encontrarla. ¿O no querían?

Desanimado, volvía a mi habitación en aquella cabaña que había sido la testigo muda de nuestro amor. Me desnudé y me tumbé. Noté un leve escozor en mis partes. Me acaricié recordando que sólo unas horas antes, la boca de Emmanuelle recorría mi sexo. Y que sólo unas horas antes, yo estaba dentro de Emmanuelle. Y que ella había sucumbido a mi potencia y se había derrumbado en un sonoro orgasmo una y otra vez.

El picor de su ausencia se hacía cada vez mayor. Intenté dormir y soñar con ella, pero no podía. Me picaba. Me picaba cada vez más. Noté algo raro. Encendí el candil.

Y allí estaba ella. Y no estaba sola. Eran muchas y estaban dispuestas a no hacerme olvidar a Emmanuelle en mucho tiempo.

La gonorrea es lo que tiene.

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